El Tonto del Pueblo
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El Tonto del Pueblo
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Alberto
2018-08-01 15:20:39 UTC
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El Tonto del Pueblo
OPINIÓN PUBLICADO EL MIÉRCOLES, 01 AGOSTO 2018 03:20 ESCRITO POR PEDRO
ROSILLO

https://latribunadeespana.com/opinion/el-tonto-del-pueblo

Dicen que en todos lo pueblos hay un tonto y todos acuden a mí.
Palabrita del niño Jesús. No sé lo que tengo, una especie de atracción
hacia ellos… No sé, algo inexplicable que hace que se peguen a mí como
lapas. El caso es que una vez andaba por la plaza del pueblo de unos de
esos municipios de nuestra España profunda, esa que huele a tabaco negro
y sabe a coñac, y “el tonto del pueblo”, como siempre, se puso a hacer
guardia a mi lado. Yo enseguida advertí su presencia… Bueno, al
principio me quedé un poco extrañado mirándolo, porque pensé: “ya está
aquí”. Es lo primero que se me vino a la imaginación, así que lo miraba
fijamente pensando que ese hombre, por sus rasgos, no parecía ser muy
normal y que efectivamente era “el tonto del pueblo”.

Pues bien, el hombre en cuestión -joven él- se estaba desliando un buen
puro habano -de esos que tienes que agarrar casi a dos manos- y le
pegaba chupetón tras chupetón y repasaba con la lengua, por si faltaba
algo, saboreando lo que a su buen entender era un placer de esta vida.
El caso que la escena me dejó bastante parado y pensativo.

Vamos a ver, pensé… este hombre no parece estar bien; pero menudo puro
lleva que se va a meter entre pecho y espalda si nadie lo impide, que no
parecía ser el caso. Me fijaba en sus características, en sus ojos -por
si identificaba a una persona con algún síndrome mental o algo
parecido-, la escena me resultaba muy extraña. El caso es que el tonto
llegó el momento en que se dio cuenta que lo estaba mirando fijamente.
“¿Qué estás mirando? -me dijo-. No te voy a dar nada”.



Al decirme eso me di cuenta de dos cosas: la primera, que se había dado
cuenta que lo observaba con atención; la segunda, que no había adivinado
mi verdadera intención sobre la observación, que no era el puro sino él.
Pero siguiéndole la corriente quise entablar una conversación con él y
en vez de decirle no me estoy fijando en tu puro sino en ti, le dije lo
contrario: “Dame algo de ese puro que llevas que es muy grande para ti
“-le espeté. A todo esto, he decir que dejé de fumar hace muchos años,
por si a alguien le queda alguna duda… “Cómprate uno este es mío, ahí
tienes el estanco” -fue su contestación-.

“¡Pero hombre! -contesté con interés-, tienes que compartir conmigo que
no tengo, dame un poco, déjame probarlo aunque sea que ese puro es muy
grande, hay que ser solidario con el que no tiene”.

“A ver si te crees que soy tonto” -fue su respuesta- mientras no dejaba
de relamer el habano… “A ver si te crees que soy tonto”… Me dejó
planchado moralmente, pensativo y sin recursos, sólo mi mirada delataba:
¡me has vencido!

Moraleja: hasta “el tonto del pueblo”, en este país, sabe diferenciar
entre la solidaridad y la estupidez, entre lo natural y lo antinatural.
Antinatural era dar de probar a un desconocido algo que él había lamido,
sorbeteado y rechupeteado para después volverlo a relamer. Antinatural
es que un desconocido le dijera que le diera algo suyo sin habérselo
ganado, sólo porque sí.



Pues bien, esto que sabe hasta “el tonto del pueblo” de la España más
profunda, es incapaz de comprenderlo la muy corrompida moralmente casta
política de este país. Una cosa es la solidaridad y otra la estupidez.
Una cosa es solidarizarse con quien lo pasa mal y otra cederle nuestra
casa invitándole a invadirte.

Tengo claro que si España se mantiene en pie y sobrevive, es por los
tontos del pueblo de mi España profunda, es decir, por el pueblo llano
que no entra en el juego de la estupidez y la demagogia política.
Linuxero
2018-08-01 23:21:32 UTC
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Hasta el "tonto del pueblo" esse es capaz de entender la diferencia
entre solidaridad y estupidez a diferencia de algunos de los gilis que
andan por aquí.




El 01/08/2018 a las 17:20, Alberto escribió:
El Tonto del Pueblo
OPINIÓN PUBLICADO EL MIÉRCOLES, 01 AGOSTO 2018 03:20 ESCRITO POR PEDRO
ROSILLO

https://latribunadeespana.com/opinion/el-tonto-del-pueblo

Dicen que en todos lo pueblos hay un tonto y todos acuden a mí.
Palabrita del niño Jesús. No sé lo que tengo, una especie de atracción
hacia ellos… No sé, algo inexplicable que hace que se peguen a mí como
lapas. El caso es que una vez andaba por la plaza del pueblo de unos de
esos municipios de nuestra España profunda, esa que huele a tabaco negro
y sabe a coñac, y “el tonto del pueblo”, como siempre, se puso a hacer
guardia a mi lado. Yo enseguida advertí su presencia… Bueno, al
principio me quedé un poco extrañado mirándolo, porque pensé: “ya está
aquí”. Es lo primero que se me vino a la imaginación, así que lo miraba
fijamente pensando que ese hombre, por sus rasgos, no parecía ser muy
normal y que efectivamente era “el tonto del pueblo”.

Pues bien, el hombre en cuestión -joven él- se estaba desliando un buen
puro habano -de esos que tienes que agarrar casi a dos manos- y le
pegaba chupetón tras chupetón y repasaba con la lengua, por si faltaba
algo, saboreando lo que a su buen entender era un placer de esta vida.
El caso que la escena me dejó bastante parado y pensativo.

Vamos a ver, pensé… este hombre no parece estar bien; pero menudo puro
lleva que se va a meter entre pecho y espalda si nadie lo impide, que no
parecía ser el caso. Me fijaba en sus características, en sus ojos -por
si identificaba a una persona con algún síndrome mental o algo
parecido-, la escena me resultaba muy extraña. El caso es que el tonto
llegó el momento en que se dio cuenta que lo estaba mirando fijamente.
“¿Qué estás mirando? -me dijo-. No te voy a dar nada”.



Al decirme eso me di cuenta de dos cosas: la primera, que se había dado
cuenta que lo observaba con atención; la segunda, que no había adivinado
mi verdadera intención sobre la observación, que no era el puro sino él.
Pero siguiéndole la corriente quise entablar una conversación con él y
en vez de decirle no me estoy fijando en tu puro sino en ti, le dije lo
contrario: “Dame algo de ese puro que llevas que es muy grande para ti
“-le espeté. A todo esto, he decir que dejé de fumar hace muchos años,
por si a alguien le queda alguna duda… “Cómprate uno este es mío, ahí
tienes el estanco” -fue su contestación-.

“¡Pero hombre! -contesté con interés-, tienes que compartir conmigo que
no tengo, dame un poco, déjame probarlo aunque sea que ese puro es muy
grande, hay que ser solidario con el que no tiene”.

“A ver si te crees que soy tonto” -fue su respuesta- mientras no dejaba
de relamer el habano… “A ver si te crees que soy tonto”… Me dejó
planchado moralmente, pensativo y sin recursos, sólo mi mirada delataba:
¡me has vencido!

Moraleja: hasta “el tonto del pueblo”, en este país, sabe diferenciar
entre la solidaridad y la estupidez, entre lo natural y lo antinatural.
Antinatural era dar de probar a un desconocido algo que él había lamido,
sorbeteado y rechupeteado para después volverlo a relamer. Antinatural
es que un desconocido le dijera que le diera algo suyo sin habérselo
ganado, sólo porque sí.



Pues bien, esto que sabe hasta “el tonto del pueblo” de la España más
profunda, es incapaz de comprenderlo la muy corrompida moralmente casta
política de este país. Una cosa es la solidaridad y otra la estupidez.
Una cosa es solidarizarse con quien lo pasa mal y otra cederle nuestra
casa invitándole a invadirte.

Tengo claro que si España se mantiene en pie y sobrevive, es por los
tontos del pueblo de mi España profunda, es decir, por el pueblo llano
que no entra en el juego de la estupidez y la demagogia política.
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