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Carta Abierta de un médico A LOS IMBÉCILES
(demasiado antiguo para responder)
Alboroto
2020-08-13 11:37:14 UTC
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CARTA ABIERTA A LOS IMBÉCILES.

Mi nombre es Juan Manuel Jiménez Muñoz. Soy médico de familia en Málaga.
Tengo 60 años, y ejerzo mi profesión desde hace 35. Mi número de
colegiado es el 4.787. Y este dato lo aporto por si alguien, a raíz de
esta lectura, me quiere denunciar o poner una querella. Será un honor.

El método científico, desde Galileo Galilei, nos ha sacado de las
sombras. La electricidad, la radio, la televisión, los GPS, los
teléfonos, los viajes espaciales, los antibióticos, las vacunas, los
telescopios, la anestesia general, el saneamiento de las ciudades, la
depuración del agua, las radiografías, las resonancias, los rascacielos,
los aviones, los trenes, el cine, las fotografías, los ordenadores, y
nuestra vida al completo, dependen de una ocurrencia de Galileo. Una
ocurrencia en tres pasos para averiguar entre todos cómo funciona el mundo:
1-Establecer una hipótesis plausible sobre un problema concreto. Por
ejemplo: “yo creo que el agua estancada contiene unos animalitos
minúsculos que causan enfermedades”. O: “yo creo que cuando un imán gira
alrededor de una bobina se genera una corriente eléctrica”. O: “yo creo
que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés”.
2-Realizar experimentos para comprobar la veracidad o la falsedad de esa
hipótesis.
3-Publicar los experimentos para que cualquier otro los pueda
reproducir, afirmar o refutar.
Y ya está. Qué tontería. Y gracias a eso, Y NADA MÁS QUE A ESO, la
sociedad de 2020 es completamente diferente a la de 1700. Diré más. Si
como por arte de magia pudiésemos trasladar un habitante del año 1 hasta
el año 1700, apenas notaría diferencias en lo esencial de la vida: se
adaptaría sin problema. Pero si trasladásemos a un habitante del año
1700 al 2020, se moriría del susto. Literalmente.
Gracias al método científico tenemos herramientas para erradicar una
pandemia, o para hacerla soportable: la del coronavirus, por ejemplo.
Gracias a la ciencia no hay viruela. Gracias a la ciencia no hay
leprosos en Europa (o son casos muy contados). Gracias a la ciencia, los
pacientes VIH positivos ya no se mueren de SIDA, sino que llevan su
enfermedad como los pacientes crónicos. Gracias a la ciencia, muchos
cánceres se curan.
Y que después de 300 años de éxitos tenga uno que soportar lo
insoportable, resulta estremecedor: la caída del modelo y la sustitución
por la farsa, por la charlatanería, por la incultura, por el pensamiento
mágico, por la vulgaridad, por el despropósito y por la democracia
aplicada a la ciencia, donde el analfabeto opina sobre el coronavirus en
igualdad de altavoces que el más docto catedrático de virología, y donde
los tratamientos y las medidas de contención de una epidemia son a la carta.
Hay grupos organizados que parecen añorar la Alta Edad Media, aquella
que tan magníficamente plasmó Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa”: con
su mugre y sus hambrunas, con sus gentes muriéndose de peste o de
viruela, con los libros encerrados en monasterios sin acceso para nadie,
sin luz eléctrica, sin agua potable, sin nada.
Aunando esfuerzos, una mezcla infernal de terraplanistas, antivacunas,
conspiranoicos, sectas satánicas, neonazis, adoradores de ovnis,
hedonistas ácratas, cazadores de masones, fetichistas de los porros,
delirantes con el 5G, ecologistas que no han visto jamás una gallina e
imbéciles con pedigrí, pululan en todas las redes sociales instaurando
una nueva religión que, mucho me temo, está calando más de lo que
imaginaba en una población carente de cultura y liderazgo. Eso no es
nuevo. Tarados los hubo siempre. Pero médicos y biólogos liderando
imbéciles acientíficos y abjurando de la ciencia para adquirir una fama
pasajera, eso nunca lo viví. Y nunca pensé que mis ojos lo verían. Y
nunca creí que los Colegios de Médicos, o de Biólogos, giraran la cabeza
hacia otra parte y no alzaran su voz contra el medievalismo.
Que un grupo de 200 médicos se autodenomine “Médicos Por la Verdad”, ya
es una ofensa gravísima para el resto de los médicos que ejercemos en
España, que somos 160.000. Porque quiere decir, ni más ni menos, que los
159.800 médicos restantes que no estamos en la secta somos “Médicos Por
la Mentira”. Y a mí no me llama mentiroso ningún hijo de la gran puta.
Por mucho título que tenga.
Que se estén dando conferencias, y publicando libros (uno de ellos con
seis ediciones en un mes), para afirmar que no hay pandemia, o que los
individuos sin síntomas no contagian, o que esto es igual que una gripe,
o que es preferible la experiencia personal a las publicaciones
científicas revisadas por pares, o que el dióxido de cloro funciona
contra el coronavirus, o que el dióxido de cloro no es tóxico, o que las
vacunas que existen ahora provocan autismo, o que las vacunas llevan
microchips para controlarnos, o que los aviones esparcen desde el cielo
cristales para contagiarnos, o que no llevar mascarillas es un acto
saludable de rebeldía, resultaría risible si no fuese mortal de
necesidad, y si quienes defienden esas barbaridades fuesen mariscadores
gallegos, aceituneros andaluces o pescadores cántabros, y no licenciados
o doctorados por una Universidad.
Hace poco, sesenta imbéciles acudieron a Las Canarias para reunirse en
una playa a contagiarse a propósito. Habían quedado por Internet. Y yo,
desde mi muro, acuso a quienes deberían ser líderes sociales, y no lo
son, de favorecer esos comportamientos criminales con sus discursos
absurdos.
No es época de división, ni de actuar cada uno a su bola. Por desgracia,
nadie lidera la crisis. Es evidente. Digo ningún político. El Gobierno
Central ha dimitido de sus responsabilidades. Incluso tiene que sobornar
a los autonómicos para que acudan a las reuniones. 17 Reinos de Taifas,
17 desastres organizativos. A cuál peor. Ni una puñetera norma en común.
Ni un solo registro compatible. Y además de eso, por si fuese poco, una
sarta de embusteros con el título de licenciado envenenan a la sociedad
en lugar de aconsejarla, de guiarla, de cuidarla, prestándose a decir lo
que muchos quieren escuchar, lo que ahora vende: que el coronavirus es
un invento de las superpotencias para disminuir la población mundial,
para enriquecer a las farmacias y para cargarse a los ancianos, pero
que, sin embargo (y mira tú que curiosa paradoja), la tal pandemia no
existe.
Compañeros médicos, biólogos, abogados, farmacéuticos y licenciados de
toda clase y condición que habéis optado por llevarnos otra vez a la
Edad Media: sois la vergüenza de la profesión, y no sois dignos de que
os llamemos compañeros, y mucho menos científicos. Sois pocos, pero
metéis mucho ruido y confundís. Sois pocos, sí. Pero mala gente. Y decís
cosas por las que, de haberlas dicho en la Facultad de Medicina o de
Biología cuando eráis estudiantes, jamás habríais obtenido ese título
del que ahora os valéis para vuestro propio beneficio. Un título del
que, si de mí dependiera, seríais desposeídos de inmediato. Lástima que
no se pueda.
Podría elegir muchas estupideces de las que defendéis, muchas
barbaridades solemnes, pero me centraré en una sola, que en vuestra boca
merecería la cárcel: “las personas sin síntomas no contagian”.
Cagoentóloquesemenea. ¿Dónde estabais el día que explicaron la
tuberculosis, o el SIDA, o la varicela? ¿No contagian los VIH positivos
a pesar de estar asintomáticos? ¿No hay tuberculosos bacilíferos sin
síntomas de enfermedad? ¿No se contagia la varicela desde pacientes en
fase prodrómica? En fin. Mejor callar, que me van a estallar las meninges.
Sois líderes que habéis elegido no serlo para convertiros en bufones. Y
eso, en época de zozobra, no tiene perdón de Dios. Ojalá se os seque la
yerbabuena.
Ah. Y otra cosa. Mis señas las di al principio. A ver si tenéis cojones
para meteros conmigo. Cojones, digo; ya que neuronas… las justitas pa
beber sin ahogarse.
Cagoentó.
Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Médico del Servicio Andaluz de Salud.
Colegiado en Málaga 4787.
Alberto
2020-08-13 12:50:58 UTC
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Post by Alboroto
CARTA ABIERTA A LOS IMBÉCILES.
Mi nombre es Juan Manuel Jiménez Muñoz. Soy médico de familia en Málaga.
Tengo 60 años, y ejerzo mi profesión desde hace 35. Mi número de
colegiado es el 4.787. Y este dato lo aporto por si alguien, a raíz de
esta lectura, me quiere denunciar o poner una querella. Será un honor.
Estupendo aporte putera feminazi Ángela Roca Valladares.
Un matasanos que para empezar empieza insultando a quienes no pensamos
como él. Excelente documento para quienes no tragamos con la versión
oficial del coronatimo que nos indica una vez más que estamos en lo cierto.

Gracias por el aoprte Ángela Roca Valladares, muchas gracias.


Ahora traenos también algún testimonio de esa matasanos feminazi que tu
sabes, que se corre de gusto la muy sádica asquerosa e inhumana cada vez
que habla por teléfono con un paciente que no aguanta de dolor.

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